PLASTILINA MOSH-HOLA CHICUELOS. (EL VERBO EN CARNE VIVA)

Escrito por el abril 12, 2022

“¿Estaremos ante una revelación extraordinaria?”

En el rock mexicano hay un viejo mito: La Avanzada Regia. Un instante en el que, se supone, las grandes disqueras volteaban a ver a la escena musical del norte del país -tras una eternidad donde la capital acaparaba el foco. Hay quién atribuye el hecho (La Avanzada Regia) a una batalla de bandas en la Ciudad de México donde Zurdok, banda de Nuevo León, ganó. Y que de ahí se disparó la atención hacía ese lado del mapa. Pero también existe quien teoriza que fueron las disqueras las cuales se dieron cuenta de que existía un público joven en busca de sonidos distintos a la vieja guardia de los ochenta e inicios de los noventa (dígase Caifanes o Café Tacvba o Fobia), un público buscando cautivarse y que les dejaría buen dinero.

De ahí se puede extraer que la explosión radial de Control Machete es una respuesta de la industria ante las personas deseosas de un Hip Hop más real y callejero y menos fresa o televisivo, El Gran Silencio era el vallenato y la acústica, un acercamiento a los asombrosos bailes en ropas flojas coloridas y ya gravitaban a su alrededor Kinky, cómo contemporáneos y antesala al éxito del sonido tipo Zoé.

Sin embargo, en una conjetura absolutamente personal, existe la posibilidad de que La Avanzada Regia haya sido la gran jugada de Fabricio Neto “Mopri”, un manager de Monterrey, quien, poco antes de su salida a la fama, firmo con Control Machete, Zurdok y, la razón de la introducción al tema, Plastilina Mosh.

Pues, para entender a Plastilina Mosh, hay que considerar que eran “una banda de sábados”. Un proyecto alterno a las bandas formales de sus integrantes, Rosso y Jonaz. Unidos por el gusto al metal industrial y la música programada, crearon una banda sin ninguna aspiración más allá de hacer música que les agradase. Dicho por Jonaz, no esperaban que esa música levantara nada, y que entonces, cuando Fabricio Neto “Mopri”, se ofreció a ser su manager y aceptaron; nunca dejó de creer qué el álbum que de ahí resultara sería una obra de culto, apreciada -quizá- por dos personas. Entonces llegó Mr. P Mosh (en el Aquamosh, ese delicioso primer disco) y, de nuevo en palabras de Jonaz; en dos meses -tras la salida del sencillo- ya no era capaz de caminar tranquilamente por el centro con su familia.

Lyn May, Jonaz y Rosso en un auto de vidrios polarizados, las rubias con las letras pintadas sobre su cuerpo y la imagen de ambos atendiendo un supermercado donde irrumpía una mujer mortal, completaban su oda a Mauricio Garcés de forma visual. Y de ahí, y quizá por siempre en su vida como banda, jamás Plastilina Mosh se quitaría la imagen de irreverentes -y, en sus peores formas, casi menospreciados por los medios a payasos.

En una era regida por la supremacía de Molotov, los Plastilinos eran echados de lado por ser poco políticos, poco poéticos y muy entrados a participar en todos lados.

Y hoy en día, ya en retrospectiva, la banda SI se torna de culto. Intentaron regresar hace unos cuantos años pero el álbum jamás salió al aire. Jonaz hace lo suyo por un lado y Rosso igual. Escucharlos es una ventana muy especifica a su tiempo, o quizá a ningún tiempo, porque, a diferencia de ciertas bandas que no mencionaré para no desprestigiar el gusto de nadie, la música de Plastilina Mosh persiste en su universalidad, en su capacidad de sorprender y capturar a quien les escuche. Siendo un germen que nace de las necesidades de la Avanzada Regia y termina, antes que desistir al olvido como cualquier producto de su tiempo, por crear un vergel de sonoridades nuevas, de experiencias auditivas únicas, divertidas, graciosas y bailables.

Gozó por todos lados. Y sí escribo de su tercer álbum, Hola, Chicuelos, es porque es el claro ejemplo de las cicatrices que nos deja el no apreciar las cosas en su día, porque nadie menciona al álbum en una lista de los mejores discos del Rock en Español, o de México, o bajo ningún genero de ninguna parte. Porque se perdió en su momento exacto y fue echado de lado por su nombre juguetón y su portada kitsch con ambos miembros descalzos sobre una alfombra de rombos tipo El Resplandor. Cuando, dentro de sí, el disco tiene piezas que no tienen nada que envidiarle al mejor disco de Café Tacvba o Caifanes o quién se le ponga en frente.

El hecho de que un par de jóvenes, en compañía de un montón de músicos talentosos y en armonía, hayan creado en una casa con goteras este disco tan bueno, es un ejemplo de la universalidad de la calidad, el talento y las ansias de escuchar cosas nuevas.

COSMIC LELOS
“So many years ago,
In a land
called Sabinas.”

Desciende (o asciende) un sintetizador pesado, una remembranza o sino directamente una interpretación nota por nota de “Así hablo Zaratustra”, aquella obra tan ligada a la película 2001, Odisea en el espacio. En un juego de asociación pop, el disco, cómo aquella película, se nos presenta cómo un cosmos desplegándose enorme e imponente.

“Plastilina has the beat” canta un un grave distorsionado Jonaz, mientras una corriente de ritmo eléctrico le rodea. Jonaz y Rosso habiendo sido tan particularmente modesto en sus modos, comienzan el álbum con la consigna alentadora de que algo grande nos aguarda, de que estamos en frente de La Obra de Plastilina Mosh.

PELIGROSO POP

Cuando inicia Peligroso Pop tras Comic Lelos, el universo negro e infinito se refresca y torna su forma en una tarde de verano, con alberca, sombrillas, camastros y toda la cosa. “Y aunque me espines al caminar, no pierdes tu tiempo y prendes otro corazón, yo quiero oírte cantar” Piel naranja de espaldas tomando el sol, cerveza clara con limón y un pequeño atisbo de futura nostalgia. Una visión desde dentro de una tarde adolescente de música y coqueteo. “Oh-oh-oh, peligroso pop.” 

NARANJADA

De aquí naciendo en sus primeros segundos el titulo del disco, y -quizá- mi favorita del mismo-. Una canción qué, en apariencia -y quizá en practica- ésta siendo improvisada en el estudio. Dinámicamente se va volviendo una orquesta de decoraciones y culminaciones constantes. Que antes de decantarse por el estilo funcionan por su eclecticismo cómico y fresco. Una muestra de su genio y capacidad productiva, una canción que se enloquece bailando en un campo minado hasta que explota.

DECATLÓN

Una pista auditiva de lo que después explorarían, tal vez sin saber de este precedente; Death Grips o los momentos más pesados de XXXTentación. La belleza recargada en la distorsión y la apreciación por la combinación hipersónica de los componentes tan pesados en armonía. Una batería de hip hop cobijada por eco proveniente de todos lados.

PEKIN JAZZ

Relajante, suave, amena.

GARRET CLUB

De las máximas joyas del álbum, una infusión de energía positiva e hipnóticas sonoridades que, así cómo Pekin Jazz, hacen gala de cierto conocimiento del City Pop; aderezado por el velo de los vientos que permiten asomar a horizontes de callejones con neón; y cuerdas al final que nos acuestan en el pasto y nos ponen delante del sol colándose entre las ramas y el follaje de un árbol alto.

MAGIC FEVER

Una noche de casino y karaoke en Tokio.

HOUSTON

Una transición eléctrica y vigorizante, una almohada auditiva.

GROOVEMAN

Imperdible, de esta si no puedes escaparte. Hazte un favor y busca en tu reproductor musical de preferencia esta canción a la brevedad posible.

ALÓ

Grabada por siempre en el inconsciente de quien la escucha, lo que en un principio es una vuelta a las estructuras convencionales, se va tornando particularmente en un canto melancólico ya caído en los aplausos del final. Cómo si fuese ese saludo del volumen del corazón atendido y tomásemos, entonces, consciencia de su presencia en todos y todas.

TE LO JURO POR MADDONA (SI OMBA TA GUENO)

Enérgica, rockera, una oda y critica a la vida vacía, al chisme de revista, un retrato a las poses y a la invasión ininterrumpida de la publicidad, los logos y slogans.

KEEPIN STRONG

Más cercano al jazz que al hip hop y más cercano al hip hop que al jazz, la fina línea auditiva y comprensión total a la música negra de parte de dos músicos de Monterrey.

PINCHE ESTEREO BAND

“Y no se cuando yo vaya a volver y no llamo porque no quiero sentirme atado a la rutina de ayer. Mientras quemo los recuerdos / Desfragmento mi cerebro / Aunque te tengo guardado en un archivo de refuerzo. (No creo que vaya a volver.)” Las mejores liricas de Jonaz en el álbum están aquí. “Mientras estos momentos los edito como cuentos para así crear un álbum de recuerdos (Y así se rían de mi.)” Una guitarra deliciosa, un ritmo embriagador, las mujeres hablando en portugués. Una declaración de intenciones acerca de sentirse poco tomados en serio y a su vez reconociendo -en su trabajo- calidad y fuerza. “Es esta pinche estéreo band con la que vas a bailar.” 

SHAKE YOUR PUBIS

“¿Estaremos ante una revelación extraordinaria?” Si. Tan bailable y rítmica como su nombre suena, metamorfeada en jazz a la mitad y al final apagándose como un vinilo arrancado de la consola. Otra joya digna de la pronta búsqueda.

ENZO

Simplemente; sin palabras. Plastilina Mosh maduro, en uno de sus mejores momentos, seguros de si mismos se arrancan sin trastabillar en un sencillo tarareable donde muestran placa y elevan la quijada sobre el hombro de quién se ponga en frente. La Pe-Eme se planta rígida. Ganando veracidad en el terreno que se pongan, precedidos por sus aptitudes.

Cómo la doble V diría: “Calidad cómo cualidad.”

OXIDADOS

La ultima pieza musical es un subidón de tradicional rock en español, que, no solo cuaja sino que concluye debidamente, y en su catarsis, una obra aun más grande que la percepción que cualquiera es capaz de tener de la misma. Pues mientras el frenesí de Oxidados se deja ir y Jonaz y Rosso nos mueven las piernas, los pies, hombros, caderas, cuellos y cabezas por ultima vez, nos cae en cuenta la cantidad de información a la que estuvimos expuestos en cada segundo de duración de cada canción.

Cómo sí la simpleza del momento, tan cercana al original rock, fuese el momento justo para la claridad mental; y así cómo aquel que ve hacía atrás por las ventanas del camión que le lleva de vuelta a casa, es imposible no sentirse un poco triste por los paisajes que le llenaron y ahora abandona.

OUTRO

Tras Oxidados hay un Outro donde escuchamos a Jonaz y Rosso agradeciendo a sus músicos invitados, a su equipo de trabajo, familia, a “Mopri” y hasta a los tránsitos de la cuadra. De fondo se escucha la instrumental de Naranjada, y, aunque en general el álbum cada año envejece menos. ese instante del disco, ese poco tiempo antes de que muera, si se siente como vivir un instante pequeño de lo que, ahora, son muchos años atrás.

Escribo esto en 2022 y nada apunta a un pronto reencuentro de Plastilina Mosh, y habrá que ir siguiendo de cerca lo que hagan los talentosos Rosso y Jonaz, pues, en realidad, no hace falta esperar a que se junten para revivir viejas añoranzas. Cómo todo lo bueno y que se esfuma; sólo nos queda agradecer que en algún momento existió. Contemplar a la Avanzada Regia, desde aquí, en un mundo donde la industria musical se mueve de modos nunca imaginados en aquel entonces, es cómo la apreciación, en un museo, de un cuadro complejo.

La mayoría de esos músicos fueron empinados por la industria, y de estos discos de los que hoy hablamos, dígase El Gran Silencio o Control Machete, no sacaron gran cantidad de dinero, sino que nada, o, peor, quedaron en números rojos. Pero si obtuvieron una exposición enorme, y la oportunidad de grabar en estudios y verse rodeados de astros en la producción musical. Nacieron dulces jugos estandartes culturales de la propuesta de darles micrófonos a la música nueva y joven y ponerla en cada estación de radio. En retrospectiva, fue como llenar de un catalogo de trucos nuevos a un perro viejo. Y Plastilina Mosh es el mejor ejemplo de aquello que fue, y aun es capaz de ser, la vanguardia, la fuerza auditiva, el remolino de instrumentos y estructuras inexploradas, hecha por dos chavos en un estudio improvisado en una casa demacrada. Y hablando, por ellos, las ganas.

Plastilina Mosh es el verbo en carne viva, la importancia de ser antes que pretender y de mantenerse fieles a si mismos. Sí la música hablara, la de Plastilina Mosh patearía.

Imperdible y necesario, un diez.

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